NORA
Salgo del apartamento casi corriendo, mi bolso golpeando contra mi cadera, mis dedos aún crispados sobre la correa como si fuera lo único que me ancla, bajo las escaleras demasiado rápido, mis tacones resonando en cada peldaño, mi respiración agitada, y cuando finalmente empujo la puerta del edificio, el aire de la mañana me golpea en la cara como una bofetada, claro, vibrante, más cortante de lo que esperaba.
Cruzo la calle, y ya siento las miradas, primero discretas, luego insistentes, c