NORA
Su sonrisa contra mi piel me hiela y me enciende al mismo tiempo, aparto la mirada, pero su mano regresa de inmediato, su palma caliente bajo mi mentón me obliga a alzar la cabeza, a enfrentarle, y odio cuánto obedece mi cuerpo, cuánto me dejo guiar sin resistirme, como si sus gestos ya hubieran escrito su ley sobre mí.
Sus ojos se sumergen en los míos, oscuros, ardientes, no hay dulzura en esa mirada, solo una hambre, una celosía cruda que me atraviesa, y cuanto más me fija, más siento mi