**—Hola.**
La voz era femenina. Segura. Madura. Llena de esa arrogancia sutil que solo tiene alguien que se sabe con poder. No necesitaba presentarse. Bastaba con el tono para reconocerla.
**—Eh… ¿Hola? ¿Quién habla?** —titubeé, sintiendo cómo el corazón se me desbocaba dentro del pecho.
**—No entiendo si él no te dejó todo claro. Vamos a formar una familia. Y, por cierto, ahora mismo se está bañando.**
Y colgó.
Así. Sin más.
Como si acabara de lanzarme al abismo con una simple frase. Las palab