Me concentré en mis tareas con firmeza, decidida a olvidar por unas horas la montaña rusa emocional en la que estaba atrapada. El tiempo voló, y cuando levanté la mirada de la pantalla, sentí una sombra sobre mí. Me sobresalté al ver a Thomas, inclinado sobre mi escritorio, con el codo apoyado y la barbilla recostada en su mano, observándome como un niño curioso.
—Hey… te ves preciosa cuando estás tan concentrada —susurró con una sonrisa descarada.
—¿Entonces qué? ¿Pensaste en mi invitación? —c