Fabián no tardó en salir a hablar con el equipo médico. Fue firme, autoritario, y en menos de una hora, la habitación se había transformado en una suite privada con más comodidades de lujo: sofá reclinable, luces tenues y hasta una máquina de bebidas especial. Acomodó una pequeña cama adicional cerca de la mía y pidió que le trajeran una muda de ropa limpia. Planeaba quedarse todos los días. Todos.
—Fabián… no es necesario que te quedes aquí —le dije con suavidad, aún adolorida.
Él se giró desd