Abrí los ojos con dificultad. Todo me parecía borroso, como si despertara de una pesadilla que no recordaba del todo. El olor a desinfectante, el pitido de la máquina, las luces blancas… estaba en el hospital.
Me incorporé apenas, confundida, buscando alguna cara conocida. Y justo en ese momento, una enfermera de cabello rizado y sonrisa amable entró con una bandeja.
—Tranquila, señorita Gutiérrez —dijo al verme agitada—. Está bien. Fue llevada por un hombre muy guapo. Se quedó afuera, insistie