Una semana entera había pasado desde que decidí trabajar desde casa. Al principio, me sentía fuera de lugar, desorientada entre reuniones virtuales, papeles y los malditos antojos que aparecían a cualquier hora del día. Pero Mathias, como siempre, había pensado en todo.
Diana venía día de por medio, trayéndome comida, chismes y amor. Mathias también pasaba, siempre con algo que me hiciera sonreír: un café helado, una caja de cereales raros que le recordaban a mi, o solo su sonrisa tranquila.
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