¡¿Qué diablos?! ¡¿cómo se había enterado de que le decía el innombrable?!
Tragué grueso cuando se acercó peligrosamente a mí y quedé peor cuando me dijo esas últimas palabras al oído para luego morder el lóbulo de mi oreja.
¡Me mordió el muy desgraciado!
Como pude, puse mis manos en su pecho y juro que intenté moverlo, pero no lo hizo ni ubn milìmetro.
—Jex, me estás asfixiando.
—Eso es poco, cariño. Te mereces esto y más.
—¿Qué bicho te picó? Es que no entiendo por qué reaccionas así por un si