La mañana siguiente amaneció fría, pero dentro de la sala de juntas la tensión era un horno. Sofía no había dormido; la noche se la había pasado organizando piezas, llamando a abogados y trazando una lista de prioridades que parecía interminable. Afuera, la ciudad avanzaba como si nada; adentro, su mundo estaba en llamas.
Raúl permanecía de pie frente a la mesa, con la mirada clavada en los documentos que ella le había entregado. No era un hombre dramático, pero el temblor en su voz al hablar d