Las luces de la ciudad parpadeaban como pequeñas estrellas artificiales desde la ventana de la oficina de Sofía. La noche ya había caído, pero el ritmo de su empresa no se detenía. En ese mundo donde los tratos se sellaban con frialdad y las traiciones se disimulaban con sonrisas, ella se había convertido en una reina indiscutible. Pero incluso una reina debía arriesgarse para ganar.
Los informes sobre los movimientos financieros de Max Smith estaban casi completos. Javier y su equipo habían he