Capitulo 15

Alexander Sinclair

​La puerta doble de mi despacho se cerró con un chasquido seco tras la salida de Alaia. Me quedé inmóvil en mi sillón de cuero, observando el espacio vacío que la pelinegra había dejado. Todavía podía percibir en el aire el sutil aroma de su perfume de vainilla mezclado con el rastro de nuestra intensa interacción; un aroma que chocaba de frente con la pulcritud fría de mi oficina. Escuché el eco lejano de sus pasos apresurados, huyendo de mí con esa deliciosa mezcla de rabia
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