Capitulo 18

Alaia Kendrick

​El sonido estridente de mi alarma cortó el silencio del amanecer exactamente a las cinco y treinta de la mañana. Estiré el brazo con torpeza por encima de las sábanas de seda gris, buscando el teléfono para apagar el ruido. Al incorporararme, el frío del apartamento me golpeó de frente y la realidad de mi soledad en esa inmensa cama de tres plazas me caló hondo. Alexander se había ido a medianoche.

Recordaba vagamente el momento en que se había vestido en la penumbra tras nuest
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