Alexander Sinclair
Faltaban exactamente diez minutos para las cinco de la tarde. Me encontraba de pie en mi despacho, observando los grandes ventanales de mi Penthouse que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. Sostenía un vaso de whisky en la mano derecha, balanceando el hielo con parsimonia. La estaba esperando. Sabía perfectamente que ella iba a venir a la cita, y si por algún arranque de rebeldía estúpida decidía no hacerlo, yo mismo iría a buscarla a su casa, sin importarme un carajo