Alaia Kendrick
Una sacudida suave en mi hombro me obligó a salir de las profundidades de un sueño pesado y plagado de recuerdos difusos. Abrí los ojos con dificultad, parpadeando ante la claridad que se filtraba por la ventana. Lo primero que hice fue estirar la mano hacia la mesa de noche para tomar mis lentes. Al ponérmelos, enfoqué el rostro de mi madre, que me miraba con una sonrisa radiante de oreja a oreja, desbordando una emoción que yo no lograba comprender. Miré el reloj de la pared.