Sofía lo miró, sorprendida.
—No empieces tú también —murmuró—. Bastante tengo con una suegra que me ve como personal de servicio.
—La diferencia —replicó Sebastián— es que yo lo digo para recordarte que no has nacido para limpiar los cristales de nadie.
La puerta que daba al interior se abrió de golpe.
Lucas asomó la cabeza.
—Señor Miller —saludó, profesional—. La señora Wood le espera en el despacho.
Sebastián recuperó en un segundo el gesto neutral de hombre de negocios.
—Voy —re