El hospital estaba demasiado silencioso.
Ese tipo de silencio… el que asusta.
Sofía despertó sobresaltada, pensando que algo había pasado, pero solo encontró la luz tenue filtrándose por la ventana, el sonido lejano de ruedas de camillas, y—
Un cojín cayéndose al suelo.
—¿En serio…? —murmuró, intentando incorporarse.
Eduard estaba dormido en la silla, otra vez.
Pero ahora… rodeado por tres cojines, uno bajo el brazo, otro en la espalda, y otro aplastado entre él y el reposabrazos.
Como si hubie