La primera sensación de Sofía al despertar no fue el dolor.
Fue el frío.
Un frío profundo, metálico, que parecía venir de la piel y no del aire.
Abrió los ojos.
El techo blanco del hospital la recibió como una bofetada de realidad.
Tardó unos segundos en recordar cómo respirar.
La pierna vendada.
El olor a desinfectante.
El pitido suave de una máquina.
Y entonces…
Una figura dormida en la silla junto a ella.
Cabeza inclinada hacia adelante.
Codos en las rodillas.
Manos entrelazadas como si estu