El peligro está en tu casa

El aire del hospital pesó de golpe.

Vanesa se agarró más fuerte al borde de la cama, como si la frase hubiera movido el suelo.

Sofía sintió que la herida de la pierna ardía de nuevo, pero el dolor ya no era físico.

—¿Qué… quieres decir con eso? —preguntó al fin, con la voz ligeramente ronca.

—Quiero decir —respondió— que el rastro del disparo no termina en un callejón. Termina en una casa. Y esa casa es la misma donde quieren que vuelvas a vivir.

Eduard dio un paso hacia él, el cuerpo entero en tensión.

—Habla claro —escupió—. ¿Estás insinuando que alguien de mi familia mandó dispararle?

Vanesa soltó:

—Oh, qué bien, empezamos lo fuerte ya.

Arthur sostuvo la mirada de Eduard sin bajar el mentón.

—No voy a insinuar nada. Te voy a decir lo que sé —dijo—. Investigué la bala gracias a algunos contactos en la policía. La pintura azul. El tipo de arma. No es de un cualquiera. Es de una línea personali
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