Por su parte Tiberius había tensado la mandíbula por el saludo que sus sobrinos le dieron a Ignacio, aunque reconocía que eran niños impresionables, el saber que su padre estaba herido bastó para que echaran por tierra todos los planes que habían trazado y que le consultaron con mucha seriedad, para hacerle pagar su abandono.
De a ratos se conmovía con la situación de él, pero tenía muy arraigadas en su mente las imágenes de Evana llorando y sufriendo por su desprecio, así que todavía le faltab