—Tengo un nieto.
La voz de Richard estaba cargada de dolor.
—Y ni siquiera lo supe hasta hoy.
El coche avanzaba lentamente entre el tráfico rumbo a la oficina de Arabella. El conductor sabía perfectamente que no debía apresurarse.
Richard se volvió hacia ella con expresión herida.
—¿No te parece injusto? Podrías habérmelo dicho hace cinco años. Antes de irte.
Arabella negó con la cabeza.
—Precisamente por eso no te lo dije.
Lo señaló con un gesto.
—Sabía que harías esto: involucrarte, hacer lla