CAPÍTULO SESENTA

Vera le hizo una seña para que se acercara.

Él se inclinó.

Ella se aproximó a su oído y le susurró:

—Déjala.

Adrian parpadeó.

—¿Eh?

—¡DÉJALA EN PAZ DE UNA MALDITA VEZ! —le gritó directamente en el oído.

Adrian se echó hacia atrás de golpe, llevándose la mano a la oreja. Su expresión de esperanza se desvaneció, reemplazada por la confusión y luego por la ira.

—¿Qué demonios te pasa?

Vera soltó una risa fría.

—Eres un estúpido si crees que voy a creerte una sola palabra. —Sacó un pañuelo desechab
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