CAPÍTULO CINCUENTA NUEVE

Arabella se marchó conduciendo. Dejó a Adrian solo en mitad de la pista de patinaje vacía.

No fue a la oficina. Fue a casa de Vera, el único lugar seguro que le quedaba.

Vera estaba vestida para el trabajo, con los tacones puestos y las llaves en la mano, pero aún no había salido. Arabella se desplomó en el sofá, cubriéndose los ojos hinchados con las manos.

Vera lo soltó todo. Se sentó a su lado y la atrajo hacia ella.

—¿Qué pasó? ¿Te lastimó? ¿Estás bien?

Arabella sacudió la cabeza, rodeó a V
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