Al día siguiente, Maryam llegó temprano al juzgado, puntual como siempre, pero con un pequeño vicio que no podía evitar: un par de donuts de chocolate.
Se acomodó en una de las sillas de espera, mordiendo con gusto.
Observaba el reloj con creciente ansiedad; Hernando aún no aparecía, y su retraso la estaba poniendo de mal humor.
Se preguntaba si le había pasado algo, si había olvidado la cita, o si, simplemente, estaba disfrutando de un poco de tortura emocional.
Finalmente, lo vio llegar.
Camin