—Tranquilos… —la ginecóloga habló con voz suave, intentando transmitir calma—. Por ahora, Maryam debe cuidarse mucho. Nada de esfuerzos, nada de estrés. Necesita alimentarse bien y guardar reposo. Vamos a esperar, observaremos la evolución del bebé más pequeño, y haremos todo lo posible para que ambos continúen desarrollándose.
Maryam asintió lentamente mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano. Su respiración temblaba y su mirada, llena de miedo, permanecía fija en la pantalla apa