Braulio regresó a casa aquella tarde con el cuerpo pesado y la mente llena de confusión.
Había pasado horas en la estación, respondiendo preguntas, intentando entender por qué Samantha había actuado como lo hizo, por qué su vida estaba cayéndose a pedazos tan rápido. No traía respuestas, solo cansancio.
Al abrir la puerta, lo primero que vio fue a Aurora de pie en medio de la sala. No llevaba abrigo, ni bolso, ni siquiera parecía haber dado un paso desde que él salió. Su mirada estaba encendida,