Pronto llegó el día de la gran fiesta organizada para la abuela de Braulio, un evento que toda la familia esperaba con entusiasmo y un poco de solemnidad.
Aquel festejo no solo celebraba la vida de la mujer más respetada del clan Icaza, sino que también reunía a figuras importantes, amigos, cercanos, socios y a la propia familia de Aurora.
La casa estaba iluminada desde temprano; la música suave se escuchaba desde los jardines y el aire tenía ese aroma sutil a flores frescas y madera pulida.
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