Mientras tanto, en el automóvil, Martín y Mayte estaban atrapados en un torbellino de emociones.
El aire dentro del vehículo estaba cargado de una tensión palpable, un cóctel de deseo y confusión que los envolvía como una niebla densa.
Mayte seguía besándolo, cada contacto de sus labios era como un fuego que se avivaba, y Martín, cediendo a la tentación, se sentía más atrapado que nunca.
Nunca había experimentado una atracción tan intensa, especialmente por alguien que había sido su casi exespos