Por la noche.
Manuel cuidó de Mayte con una ternura que la sorprendía.
Mientras lavaba su herida con delicadeza, la miraba a los ojos, buscando su aprobación.
Ella se sentía confundida; ¿cómo era posible que ese hombre, al que todos llamaban loco, pudiera ser tan adorable con ella?
La suavidad de sus manos contrastaba con la brutalidad de lo que había sucedido.
Cada toque era un recordatorio de su vulnerabilidad, pero también de la calidez que podía encontrar en él.
Una vez que terminó de limpia