Martín la vio con rabia, sus palabras le quemaban como ácido, y no sabía ni el porqué.
¿No era eso lo que siempre había querido? ¿Por qué, entonces, le molestaba tanto escucharla?
La confusión lo consumía, y la frustración se acumulaba en su pecho, como un peso que no podía soportar.
Cada palabra de Mayte resonaba en su mente, desafiando su propia realidad y su orgullo.
Fue en ese momento que la puerta se abrió de golpe. Manuel apareció en el umbral, con una mirada decidida que prometía conflic