Cuatro meses habían pasado desde aquella noche de celebración en que el cielo se iluminó anunciando que tendrían una niña.
La vida había seguido su curso, tranquila y llena de amor.
Cada amanecer, el hogar se despertaba con el sonido de las risas de los pequeños y el aroma dulce del chocolate caliente que Manuel preparaba para todos.
Aquel día no era diferente.
El sol apenas asomaba por las ventanas, derramando una luz cálida sobre la cocina. Manuel, con el delantal manchado de harina, se movía