—¿Qué has dicho, Victoria? ¿Cómo te atreves? —gritó Ilse, con los ojos desorbitados y el rostro encendido de furia.
Su voz retumbó en las paredes del salón, un eco cargado de incredulidad y desprecio.
Victoria, aunque su respiración temblaba, sostuvo la mirada. Había decidido no retroceder, no esta vez.
—Tal como lo escuchas —repitió con la voz firme, aunque el corazón le golpeaba el pecho—. No voy a alejarme de Martín. Yo sí lo amo… Tal vez él me odie por todo esto, tal vez me desprecie, pero q