La sala quedó en silencio cuando Manuel subió al podio.
Tomó la mano de Mayte y, por un segundo, todos contuvieron la respiración.
Un aplauso rompió la tensión; muchas manos se unieron, algunos sorprendidos por la decisión, otros felices.
Pero Martín no aplaudió. Su rostro se volvió rojo, la mandíbula se tensó. No pudo disimular la rabia.
Se acercó a Mayte, la voz temblando de furia.
—¡Esto es una maldita broma! —gritó, y la palabra rebotó entre los invitados.
Mayte y Manuel bajaron del estrado