En la mansión Montalbán
La atmósfera en la mansión Montalbán era tensa, cargada de emociones reprimidas y viejas rencillas.
La abuela, una mujer de carácter fuerte y mirada, penetrante, discutía acaloradamente con Ilse y Pedro en el gran salón, donde los ecos de sus voces resonaban como un trueno en el aire pesado.
—¡No voy a poner a esa niña en el testamento, entiéndanlo de una buena vez! —declaró la abuela, su voz firme y decidida, como si estuviera sentenciando a muerte el futuro de su bisni