Pedro intentó contactar a esos hombres en la madrugada, pero no obtuvo respuesta.
La falta de comunicación lo puso muy nervioso, y su mente comenzó a divagar en un mar de pensamientos oscuros.
“Deben estar muertos… Si no, ¿qué haré? Debo hacer que esa prueba de ADN dé positivo o estaré arruinado”, pensó, sintiendo cómo el sudor frío recorría su frente.
La presión de la situación lo ahogaba, y cada segundo que pasaba sin noticias se sentía como un puñal en su pecho.
Al día siguiente, la abuela s