Al día siguiente la tensión flotaba en el aire antes de que la junta empezara.
Manuel había convocado a todos los socios con voz firme; incluso había pedido a la abuela que asistiera.
La sala de juntas de Bella Antica, siempre pulcro y frío, parecía más pequeño esa mañana: las miradas se clavaban unas en otras, y cada asiento simbolizaba una decisión que podía salvar o hundir la empresa.
Ilse entró acompañada de Pedro —él había quedado como beneficiario de sus acciones cuando se casaron—, con la