—¡Martín, no te atrevas! —gritó Mayte, su voz temblando de miedo y rabia. El corazón le latía con fuerza mientras veía cómo su hijo, Herny, se alejaba de ella.
Martín se volvió hacia atrás y sonrió, una sonrisa que helaba la sangre.
—¡Mami, mami, tengo miedo! —lloró Herny, alzando sus manitas en un gesto desesperado.
La imagen de su pequeño, asustado y vulnerable, desgarraba el alma de Mayte.
No pudo hacer nada, solo maldijo entre dientes a Martín.
Lo odiaba como nunca, y mientras lo veía partir