Martín miró los papeles con una intensidad que desbordaba su desesperación.
Los apretó con rabia, sintiendo cómo el papel se hundía entre sus dedos, como si pudiera aplastar la cruel realidad que contenían.
Su mirada se deslizó por las palabras impresas, cada línea resonando en su mente como un eco de una verdad que jamás había querido aceptar.
¡Era negativo! Hernando no era su hijo.
La revelación lo golpeó con la fuerza de un huracán, y su corazón se encogió en su pecho.
Lanzó una mirada gélida