Pedro e Ilse abandonaron la mansión poco después, sus pasos resonando en el frío corredor mientras la noche los envolvía.
Manuel los vio desde el balcón, la brisa acariciándole el rostro, llevándose consigo el eco de los pasos de quienes se marchaban, le dolía, aún dolía ver como su madre siempre prefirió a un hombre en lugar de a su propio hijo.
A su lado, Mayte permanecía firme, con la mirada clavada en él, tan silenciosa y sólida como un ancla en medio de la tormenta.
Tocó suavemente su hombr