Al día siguiente, cuando el sol apenas comenzaba a iluminar la ciudad, Braulio y Aurora fueron dados de alta. Ambos seguían débiles, pero finalmente estaban fuera de peligro.
En la salida del hospital, Mayte los esperaba con el rostro marcado por la angustia, como si no hubiera dormido en toda la noche.
Apenas los vio, corrió hacia ellos.
—Vendrán a quedarse conmigo, y punto —soltó sin preámbulos—. No sé por qué Manuel no me contó nada. ¡Casi me da un infarto!
Aurora intentó calmarla.
—Mamá, est