El sonido de su teléfono resonó, interrumpiendo el silencio pesado que se había instalado entre ellos.
Hernando frunció el ceño, irritado, y tuvo que alejarse unos pasos de Maryam antes de contestar.
Su mano se extendió con firmeza, sosteniendo el teléfono como si fuera un arma, con el ceño fruncido y los labios apretados.
Maryam lo observó, sonriendo con una mezcla de diversión y desafío, disfrutando de ver cómo aquel hombre, siempre tan seguro y controlado, se veía ligeramente alterado.
Él sal