Maryam se sobresaltó al escuchar su nombre, y al levantar la vista, vio al hombre mirándola desde el asiento trasero del auto con una expresión que mezclaba autoridad y advertencia. Su corazón dio un vuelco; algo en esa mirada la hizo dudar, aunque solo por un instante.
Se acercó a la ventanilla, sus pasos medidos, sus tacones golpeando suavemente el pavimento, y lo miró fijamente.
—Sube al auto, ahora mismo —ordenó él, su voz firme, sin lugar a discusión— y deja de hacer este tipo de… escándalo