La empleada apareció desde la cocina cargando el pastel, una hermosa creación de tres pisos decorada con flores de azúcar y velas doradas.
Todos se acomodaron alrededor de la mesa principal, expectantes, listos para cantar el “feliz cumpleaños” y dar paso al baile y a la cena.
Era una noche especial. El salón brillaba con luces cálidas, las mesas adornadas con centros de flores blancas y doradas. La familia y los invitados sonreían, conversaban, brindaban. Era el momento perfecto.
Braulio estaba