Al día siguiente, Mayte y Manuel salieron temprano de casa, todavía con la emoción fresca de la fiesta de revelación. El sol de la mañana iluminaba las calles de la ciudad, dándoles ese brillo cálido que parecía reflejar justo lo que ellos sentían por dentro.
Tenían una alegría nueva, vibrante, casi juvenil. Iban a ser abuelos otra vez… pero esta vez de gemelas. Esa noticia había tocado fibras profundas en ambos.
Entraron de la mano en la primera tienda para bebés, atraídos por los colores suave