Martín volvió a la comisaría con el rostro desencajado.
Aún no decidía lo que iba a hacer, aún se debatía entre ayudar a su hermano mayor con el que no tenía nada de buena relación o hundirlo sin hacer nada, porque hacerlo hundiría a su propio padre.
Entró al pasillo donde el aire olía a humedad y hacía un frío inesperado. Los pasos resonaban en el suelo de concreto, cada eco golpeaba como un recordatorio de lo que estaba a punto de ver.
Pidió ver a su hermano.
El guardia lo miró con desgano, re