Al día siguiente
Mayte abrió los ojos con un leve dolor en las sienes.
Una resaca ligera aún le pesaba en la cabeza, como si los recuerdos de la noche anterior no quisieran soltarla del todo.
Cerró los ojos un instante, respirando hondo.
Todo volvió a su mente en oleadas: la confrontación, las palabras dichas, la forma en que se había defendido de Martín.
Y aunque su cuerpo temblaba de cansancio, una sonrisa apareció en sus labios.
Había recuperado un pedazo de su dignidad.
Pero la sonrisa pront