Mayte luchaba por alejarse.
Sus manos temblaban al intentar apartarlo, cada músculo de su cuerpo gritaba que debía poner distancia entre ellos, aunque su corazón se encontrara dividido en mil fragmentos.
Sentía la urgencia de escapar, de liberarse de ese contacto que tanto había anhelado y que, ahora, se había convertido en un tormento.
¿Cuántas veces deseó el beso de ese hombre?
Las memorias acudieron a ella con la fuerza de una avalancha.
Recordó las noches en que había soñado con el roce de