Martín salió del hospital con el corazón deshecho.
El aire frío de la tarde le golpeó el rostro, pero no lo sintió.
Caminó sin rumbo, con la mente nublada, como si aún escuchara los ecos de la discusión con los médicos y las palabras que no quería aceptar.
Se dejó caer en una de las bancas del jardín exterior, hundiendo los codos en las rodillas y apretando el rostro entre las manos. Estaba exhausto.
Cansado del dolor, del silencio, de cargar con un pasado que lo perseguía como una sombra.
No no