Mundo ficciónIniciar sesiónEl automóvil del señor Meyer redujo la velocidad hasta detenerse frente a la mansión.
Cristina levantó lentamente la mirada.La reja.El camino de entrada.La casa.Todo estaba exactamente igual… y, sin embargo, ella sentía que ya no era la misma persona que había salido de allí días atrás. Su pecho se contrajo con fuerza, el corazón le latía desordenado, como si temiera adelantarse a lo que estaba por ocurrir.El señor Meyer, sentado a su lado, notó su respiración agitada.—¿Estás lista para ver a tu familia? —susurró, sin mirarla directamente, como si temiera presionarla.Cristina no respondió con palabras. La voz aún se le quebraba en la garganta. Solo asintió, despacio, con los ojos húmedos, apretando los labios para no volver a romperse antes de tiempo.El hombre abrió la puerta y descendió primero. El aire fresco de la mañana rozó el rostro de Cristina cuando la






