Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión Meyer estaba sumida en un silencio espeso, de esos que no reconfortan, sino que pesan. Las luces del pasillo principal permanecían encendidas con una intensidad baja, suficiente apenas para marcar el camino entre sombras largas. Salvador caminaba despacio, como si cada paso pudiera despertar algo que debía permanecer dormido: el miedo, la culpa, la desesperación.
Se detuvo frente a la habitación de Valentina y apoyó la mano en la puerta antes de abrirla. Siempre hacía eso,






