Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Mónica ingresó a su departamento, el silencio le resultó casi ensordecedor. Cerró la puerta tras de sí con más fuerza de la necesaria y apoyó la espalda en la madera por unos segundos, respirando hondo, como si intentara expulsar de su pecho el peso invisible que llevaba consigo desde la comisaría.
Las palabras de aquella mujer, la madre de Cristina, aún resonaban en su cabeza, adheridas como una advertencia oscura, como una sentencia que no pedía permiso para instalarse






