Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Mónica ingresó a su departamento, el silencio le resultó casi ensordecedor. Cerró la puerta tras de sí con más fuerza de la necesaria y apoyó la espalda en la madera por unos segundos, respirando hondo, como si intentara expulsar de su pecho el peso invisible que llevaba consigo desde la comisaría.
Las palabras de aquella mujer, la madre de Cristina, aún resonaban en su cabeza, adheridas como una advertencia oscura, como una sentencia que no pedía permiso para instalarse en su mente.El eco de aquella risa, áspera, casi delirante, la hizo estremecerse. Mónica cerró los ojos, apretó los labios y negó levemente con la cabeza, como si con ese gesto pudiera expulsar el recuerdo. Caminó unos pasos hacia el interior del departamento, dejando su bolso sobre una silla sin siquiera mirarlo. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no percibió la presencia de alguien más detrás de ella, observándola con preocupación.De pronto, una mano se pos






